Llevo bastante tiempo escribiendo sobre centros de datos, cloud e inteligencia artificial y cada vez tengo más clara una cosa: hablamos muchísimo de GPU/NPU/TPU, modelos, refrigeración, refrigeración líquida y nuevos centros de datos, pero bastante menos de aquello que permite que todo funcione.
La electricidad.
Y cuanto más crece la inteligencia artificial, menos sentido me parece que tenga plantear el debate energético como una competición entre nuclear y renovables. No creo que la pregunta sea cuál de las dos debe ganar. La pregunta importante es otra: ¿cómo vamos a garantizar toda la electricidad que necesitaremos, cuando la necesitemos y a un precio razonable?
Porque un centro de datos necesita electricidad las 24 horas, pero también un hospital, una fábrica, una vivienda, un tren, una red de telecomunicaciones o una ciudad.
La Inteligencia Artificial simplemente está haciendo mucho más visible un problema que ya estaba delante de nosotros.
Las claves de energía, nuclear e IA en 20 segundos
Los centros de datos podrían consumir alrededor de 945 TWh anuales en 2030, más del doble que en 2024.
Solar y eólica crecerán con fuerza, pero su producción depende de las condiciones meteorológicas.
El mundo mantiene más de 400 reactores nucleares en funcionamiento y construye decenas más.
España conserva siete reactores y acaba de prolongar Almaraz hasta 2030.
El reto será combinar generación, almacenamiento y redes para garantizar electricidad disponible cuando exista demanda.
Estamos entrando en la era de la electricidad
Hay algo que va mucho más allá de ChatGPT, Claude, Mistral o de los nuevos centros de datos.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) espera que el consumo mundial de electricidad crezca una media del 3,6 % anual entre 2026 y 2030. En 2025 el planeta consumió aproximadamente 28.200 TWh y para 2030 podríamos alcanzar los 33.600 TWh.
Y la Inteligencia Artificial es solo una parte. La que quizás más energía podrá demandar.
Estamos electrificando vehículos, climatización, procesos industriales y otras actividades que antes dependían directamente de combustibles fósiles. Al mismo tiempo queremos fabricar más semiconductores, desarrollar nuevas industrias y construir centros de datos cada vez mayores.
La propia AIE habla ya de una nueva “era de la electricidad”.
Los centros de datos son especialmente interesantes porque concentran enormes cantidades de consumo en ubicaciones concretas. La AIE estima que su demanda mundial podría superar los 945 TWh en 2030, más del doble que actualmente. Estados Unidos y China concentrarán buena parte de ese crecimiento.
Eso cambia bastante las reglas del juego.
Se puede tener dinero para comprar 100.000 GPU y disponer del terreno para construir un centro de datos, pero si la red eléctrica no puede entregar 500 MW donde hacen falta, todo lo demás sirve de poco.
Cada vez estoy más convencido de que la próxima gran limitación de la IA puede no estar en los chips, sino en los megavatios.
Las renovables son imprescindibles, pero el sol y el viento no obedecen a la demanda
España tiene una posición privilegiada en energía renovable. Tenemos sol, viento, territorio y una industria que durante años ha adquirido experiencia construyendo grandes proyectos renovables.
Sería absurdo no aprovecharlo.
Y las cifras mundiales van precisamente en esa dirección. La AIE espera que las renovables crezcan alrededor de un 8 % anual hasta 2030. Solo la solar fotovoltaica podría añadir más de 600 TWh de generación cada año durante este periodo.
Pero existe una diferencia que a veces desaparece de la conversación: capacidad instalada no significa electricidad disponible permanentemente.
Un panel solar produce cuando existe radiación suficiente. Un aerogenerador depende del viento.
No es una crítica a esas tecnologías. Es simplemente su naturaleza.
El problema aparece cuando la demanda no coincide con la producción.
Podemos tener una enorme capacidad fotovoltaica instalada y necesitar electricidad a las diez de la noche. Podemos tener miles de aerogeneradores y atravesar varios días con una producción eólica mucho menor de lo esperado.
Y la demanda sigue ahí.
Por eso necesitamos almacenamiento, centrales hidroeléctricas, bombeo, mejores interconexiones, gestión de demanda y redes eléctricas mucho más potentes.
Pero también necesitamos generación firme.
Y ahí vuelve inevitablemente la conversación sobre la energía nuclear.
Más de 400 reactores funcionando y otros 77 en construcción
A veces en España se tiene la sensación de que la energía nuclear pertenece al pasado. Cuando se mira el mapa mundial la imagen es bastante diferente.
Los últimos datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) contabilizan 417 reactores nucleares en operación en 31 países, con aproximadamente 380 GW de capacidad instalada. Otros 77 reactores se encuentran en construcción.
Estados Unidos continúa siendo la mayor potencia nuclear mundial, con 94 reactores operativos. Francia operó 57 durante 2025 y obtuvo aproximadamente el 68 % de su electricidad de esta fuente. China tenía 58 reactores que produjeron electricidad durante 2025 y está protagonizando buena parte de la expansión mundial.
La AIE espera que la generación nuclear mundial siga aumentando hasta 2030, con China aportando aproximadamente el 40 % del crecimiento previsto. Japón está recuperando reactores y otros países asiáticos están construyendo nuevas centrales.
Mientras tanto, las grandes tecnológicas también han empezado a mirar hacia esta fuente.
Microsoft ha respaldado mediante un contrato eléctrico a largo plazo la recuperación de 835 MW de capacidad nuclear en Pensilvania. Google trabaja con Kairos Power para desplegar reactores avanzados y Meta ha cerrado varios acuerdos relacionados con capacidad nuclear existente y futura.
No creo que Microsoft, Google o Meta se hayan convertido repentinamente en activistas nucleares.
Necesitan electricidad. Mucha. Y necesitan saber que estará disponible.
Nuclear sí, pero con una condición que no admite discusión: seguridad
Defender que la nuclear forme parte de la combinación energética no significa ignorar sus problemas.
Una central nuclear exige niveles extraordinariamente altos de seguridad durante su diseño, construcción, funcionamiento, mantenimiento y posterior desmantelamiento.
Y así debe ser.
Chernóbil y Fukushima forman parte de la historia de esta tecnología y sería absurdo hablar de energía nuclear intentando esconder sus accidentes.
Precisamente por las consecuencias potenciales de un fallo grave, la seguridad nuclear tiene que estar por encima de las necesidades económicas, industriales o tecnológicas.
Prolongar la vida de una central tampoco debería ser una decisión política tomada simplemente porque necesitamos más electricidad. Tiene que existir una evaluación técnica independiente que determine que puede continuar funcionando con seguridad.
Una central nuclear con 40 años no tiene que cerrarse automáticamente porque haya alcanzado una fecha determinada, pero tampoco debería continuar funcionando simplemente porque resulte conveniente.
Debe hacerlo si técnicamente es seguro.
Ese matiz me parece esencial.
España decidió caminar hacia el cierre mientras otros países miraban en otra dirección
Y aquí llegamos a España.
Nuestro país mantiene siete reactores nucleares operativos, que en 2025 aportaron aproximadamente el 18,9 % de la electricidad nacional, según los datos del OIEA.
Durante los últimos años España había establecido una dirección bastante clara: cierre progresivo del parque nuclear entre 2027 y 2035.
Mientras tanto el contexto internacional ha ido cambiando.
China construye reactores. Estados Unidos intenta conservar y recuperar capacidad. Japón ha reactivado instalaciones. Francia mantiene la nuclear como una pieza central de su sistema eléctrico. Otros países están estudiando pequeños reactores modulares (SMR).
La AIE resume bastante bien el cambio: la energía nuclear está recuperando importancia estratégica en numerosas economías avanzadas, entre otras cosas mediante extensiones de vida de reactores existentes.
España parecía remar en dirección contraria.
Pero este mismo agosto hemos visto un movimiento interesante.
El Gobierno ha autorizado que Almaraz I y II continúen funcionando hasta el 8 de junio de 2030. La ampliación es de 31 meses para una unidad y 19 para la otra.
Y me parece especialmente interesante leer los argumentos utilizados por el propio Ministerio para la Transición Ecológica.
Habla de incertidumbre en los mercados energéticos internacionales, dependencia del gas, posibles picos de precios y seguridad de suministro. Al mismo tiempo insiste en continuar desplegando renovables y almacenamiento.
Es decir, estamos empezando a hablar precisamente de lo que deberíamos haber hablado desde el principio.
No de nuclear o renovables.
De nuclear y renovables, junto con almacenamiento, redes e interconexiones.
Por ahora el Gobierno mantiene 2035 como fecha para el cierre completo del parque nuclear español. Quizá sea la decisión correcta. Quizá dentro de unos años descubramos que fue demasiado pronto.
El tiempo lo dirá.
Pero creo que sería razonable que las decisiones futuras dependiesen más de la situación tecnológica, energética y de seguridad que exista entonces que de calendarios establecidos muchos años antes.
El problema tampoco son solamente los centros de datos
Hay además algo que me preocupa de cómo estamos enfocando esta discusión.
Resultaría muy sencillo convertir los centros de datos en culpables del crecimiento del consumo eléctrico.
“Estamos gastando toda la electricidad en inteligencia artificial”.
No creo que esa sea una lectura correcta.
Si Europa quiere electrificar el transporte, descarbonizar la industria, fabricar más dentro de sus fronteras, desarrollar inteligencia artificial, atraer centros de datos y reducir su dependencia energética exterior, necesitará mucha más electricidad.
La solución no debería ser impedir que aparezca nueva demanda.
Debería ser aumentar la oferta y mejorar las infraestructuras.
Y hacerlo de forma sostenible.
La propia AIE calcula que las renovables cubrirán aproximadamente la mitad del crecimiento mundial de electricidad destinada a centros de datos hasta 2035. La nuclear también aumentará su aportación y, lamentablemente desde el punto de vista de las emisiones, el gas continuará teniendo bastante peso.
En Europa la combinación puede ser especialmente interesante: la AIE estima que renovables y nuclear podrían proporcionar conjuntamente el 85 % de la electricidad consumida por los centros de datos europeos en 2030.
Quizá ahí tengamos una pista.
No necesitamos elegir una única tecnología capaz de resolver todos nuestros problemas energéticos.
Necesitamos mucha solar donde tenga sentido. Mucha eólica. Hidráulica y bombeo. Baterías. Redes eléctricas reforzadas. Mejores interconexiones europeas. Gestión inteligente de la demanda.
Y probablemente también nuclear mientras pueda operar con seguridad y resulte necesaria para garantizar el sistema.
Porque la transición energética no debería medirse solamente por cuántos GW instalamos.
También debería medirse por nuestra capacidad para encender la luz, una fábrica, un hospital o un centro de datos cualquier día del año y a cualquier hora, haga sol, llueva, sople el viento o no.
Ese es para mí el verdadero debate energético que está poniendo encima de la mesa la inteligencia artificial.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos reactores nucleares hay actualmente en el mundo?
El OIEA contabiliza 417 reactores en operación en 31 países, con cerca de 380 GW de potencia instalada. Además, registra 77 reactores en construcción.
¿Cuántas centrales nucleares funcionan en España?
España cuenta con siete reactores nucleares operativos. En 2025 produjeron alrededor del 18,9 % de la electricidad del país.
¿España ha cancelado el cierre de sus centrales nucleares?
No. El Gobierno ha ampliado la autorización de explotación de Almaraz I y II hasta junio de 2030, pero mantiene actualmente 2035 como fecha de cierre completo del parque nuclear.
¿Las renovables pueden alimentar los centros de datos de IA?
Sí y tendrán un peso creciente. El desafío está en combinar su producción variable con almacenamiento, redes, interconexiones y fuentes de generación gestionables que permitan garantizar el suministro durante las 24 horas.